Los programas de archivo se instalan con mayor fuerza en la tv argentina. Más de 45 horas semanales con un formato similar: mesa con panelistas que critican el trabajo realizado por otros. ¿Existe televisión más chatarra?
Cuando Raúl Portal confirmaba la creación del género con Perdona Nuestros Pecados en 1994, jamás hubiese pensado que casi 17 años después la televisión estaría plagada de programas similares.
El programa de archivo actual resume lo que se ve en la televisión argentina; o bien sobre un tema en particular mostrar diferentes visiones que expusieron diferentes personalidades en programas actuales o antiguos. Hoy son muchísimos los programas que encajan en este formato: TVR, Zapping, RSM, Bendita, Demoliendo Teles, De lo nuestro lo peor, Plan TV y Ran 15. Además son varios los segmentos televisivos que incorporan la mecánica de editar el tramo de una producción para analizar su contenido en un sentido crítico.
Lejano al género pero símil en la idea base, se puede considerar que Función Privada fue modelo para muchas producciones en la forma de presentar el contenido. El programa conducido por Carlos Morelli y Rómulo Berruti nació en 1983 por Canal 7 y fue unos de los pioneros en presentar de una manera especial el cine argentino. Tras una tanda publicitaria, los periodistas realizaban una breve síntesis de lo que habían visto e invitaban a la audiencia a continuar observando el film.
Casi tres décadas después los programas de archivo imitan el formato. Presentan unas imágenes y cuando vuelven al piso un grupo de críticos que ha tomado nota de los 5 minutos promedio que dura el informe, destruirán o enaltecerán personajes políticos y de la farándula. Desde la comodidad de una silla se burlarán de la falta de capacidad de unos y recriminarán las contradicciones de otros.
La idea de la crítica fácil nace de cada evento social donde hay argentinos. En los reality show se puede apreciar con facilidad este tema. Entre los participantes se generan varios grupos por afinidad y mientras más se sienten identificados eligen hablar permanentemente de aquello que no comparten con otra persona. Lo que hace el otro o lo que deja de hacer es siempre motivo de crítica y de atención por parte de los productores, que eligen constantemente esos momentos para obtener la atención de la audiencia.
Se puede ver en esta clase de programas la crítica desmedida hacia referida al pobre talento de un bailarín de Bailando por un sueño, las constantes contradicciones de un político o de algún personaje de la farándula que vive de la exposición y que fácilmente se desdice. Los columnistas, que en muchos casos hacen amplios descargos sin conocer sobre el tema que analizan, suelen estar exentos a la hora de sufrir los mismos embistes.
En los programas de archivo con columnistas la balanza no arroja un peso equitativo entre los críticos y el objeto de análisis. Mientras en un tape se pueden observar actos de una persona, cuando se vuelve al piso el columnista puede dañar la imagen de quién quiera sin otorgar posibilidad de defensa.
El punto más negativo de esta clase de programa, pasa por una generación que es modelo de esta tv. La crítica es el camino más fácil, y pueden ser objeto de ello las personas que realizan acciones. Resulta más sencillo pasar lo más desapercibido para cometer la menor cantidad de equivocaciones que puedan ser motivo de esas opiniones negativas.