La selección juvenil clasificó al mundial de la categoría sub 20, pero quedó afuera de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y dejó una imagen muy pobre que llena de interrogantes el futuro del fútbol argentino.
Como es de costumbre, armar la selección ideal para un torneo sudamericano juvenil no es fácil. Los clubes consideran imprescindibles a jugadores que no llegan a la decena de partidos en primera división y lo niegan para representar al seleccionado. En esta oportunidad, el DT argentino, Walter Perazzo, se lamentaba de no contar con los talentosos volantes de River, Erik Lamela y Manuel Lanzini.
Las esperanzas del fútbol argentino trascendían por dos jugadores con historias que poco tiene que ver con el potrero criollo: Michael Ryan Hoyos, volante creativo de Estudiantes de La Plata, nació en EEUU y se vino al país a los 15 años para probar suerte en la tierra de sus padres. Sergio Iturbe es un caso similar al de Gonzalo Higuaín; nació en Buenos Aires, pero al poco tiempo se fue a vivir a Paraguay, la tierra de su familia. Sin embargo, su deseo de jugar para la selección Argentina hizo que desechara toda posibilidad de continuar defendiendo los colores del conjunto guaraní (jugó un amistoso con la selección mayor paraguaya cuando tenía 16 años).
En todo el torneo la selección argentino nunca pudo convencer con el juego. Desde una frágil defensa hasta un medio campo con pobres intenciones de cuidar la pelota. Todo dependía de alguna individualidad que pueda nacer de los pies de Hoyos, Iturbe, Araujo, Ferreya y Funes Mori; o de las pelotas paradas, el arma más fuerte que tienen los equipos que desestiman las ideas ofensivas en el fútbol.
En la primera fase Argentina sólo pudo marcar clara diferencia frente a Chile, jugando un fútbol distendido cuando mezcló suplentes con titulares porque la clasificación a la siguiente fase ya estaba asegurada. En el hexagonal final la presión era otra: de los 6 equipos sólo uno quedaría fuera del mundial que se jugará en Colombia. La primera derrota con Ecuador fue un golpe duro para entender que se debe trabajar pensando en el arco de enfrente.
En la última fecha donde las chances para lograr el pasajes a los juegos de Londres eran mínimas, la posibilidad de centraba en convertir varios goles a Colombia (que terminó último con un solo gol a favor y ocho en contra), y esperar una mano de Uruguay frente a Brasil. Es cierto que los brasileños sepultaron rápidamente las esperanzas con la goleada (6-0), pero Argentina nunca sintió esa obligación de encerrar a los colombianos con hambre de defender las últimas dos medallas de oro en la disciplina.
Hay personas que quitan crédito a las consagraciones juveniles. Pero a través de esos logros se mide la calidad de jugadores que representaran a la selección mayor y a la vez se educa en una filosofía de juego. Antes de ser campeón mundial en el 78, Argentina ganó el torneo Esperanzas de Toulon en 1975 con Passarella, Gallego, Tarantini y Valencia. Antes de la consagración en el 86, consiguió el título juvenil en Japón 1979.
Es cierto que la etapa más exitosa del fútbol juvenil argentino coincidió con una etapa con pobres pergaminos en la selección mayor. Es cierto que con las glorias en Qatar, Malasia, Argentina, Holanda y Canadá no se alcanzó para los mundiales de la mayor. Pero de ese trabajo se pudo apreciar y para los DT de los seleccionados hacerles un seguimiento a los Sorín, Samuel, Cambiasso, Aimar, Riquelme, Burdisso, Maxi Rodriguez, Zabaleta, Agüero, Di María y el mismísimo Leo Messi.
Durante décadas la presea dorada en los juegos fue la deuda pendiente del fútbol argentino. Las consagraciones en 2004 y 2008 completaron el póquer de títulos importantes que debe tener un seleccionado de primer nivel. No poder defender esa consagración en Londres es un llamado de atención para quienes administran y proyectan con el fútbol juvenil.
Pero no sólo de consagraciones se mide los éxitos del fútbol. Con el potencial de los jugadores y el nivel que abunda se debe trabajar sobre conceptos claros. El trabajo que inició Pekerman y que tantos beneficios le trajo a la selección en resultados y en cantidad de jugadores que le terminó aportando al seleccionado mayor. Hoy es necesario que se piense en la formación a futuro. ¿Será eso lo que priorizó Perazzo?