El 4 de febrero de 2001 el financista Mariano Perel apareció muerto junto a su mujer en una cabaña de Cariló. La muerte de un hombre que en sus documentos personales compromete a varios grupos poderosos hoy está archivada y ningún medio se atreve a publicar para provocar la repercusión necesaria para aclarar este polémico caso.
Un simple fin de semana se disponía a disfrutar el matrimonio Perel en Cariló. Para ello eligieron el complejo de cabañas "Puerto Hamlet", la número 32. Mariano era financista, tenía 56 años y tenía un curriculum lo suficientemente sorprendente. Rosa, tenía 49 años y era sicóloga. Llegaron a Cariló un viernes a las 7 de la tarde con el objetivo de quedarse dos noches. En su estadía sólo se los vio salir el sábado cerca del anochecer. Luego no se supo más nada, hasta que un empleado del lugar fue a ver que sucedía y se encontró con los dos cuerpos en el piso; ambos con un balazo en la nuca.
Inmediatamente llegó la policía e inició la investigación. Sobre una de las mesas de la cabaña había un papel impreso que decía: "Soy un gringo al servicio del Citibank muerto por no pagar el rescate de Antfactory del Citigroup". A partir de ahí se estableció la muerte del matrimonio vinculada con la mafia. Tiros en la nuca, sin rastros, sin huellas y con una sola señal. La investigación se puso fuerte y se allanaron todas las oficinas donde Perel hacía sus negociados.
Fue un caso que conmocionó a la opinión pública. Perel era un hombre muy poderoso en el mundo del lavado. Eduardo De la Cruz, el procurador general bonaerense de aquella época decía: "Las actividades que tenía Perel dejan al descubierto por primera vez en la Argentina cuáles son los mecanismos con los que se estafa al pueblo". De la Cruz había encontrado un archivo de Perel donde narraba con mucha precisión como lavaba plata o provocaba ganancias o pérdidas en empresas para reducir los impuestos tributarios.
Mariano Perel había empezado a redactar ese archivo de 31 hojas alrededor de 1996 cuando empezó a sentir que su vida corría peligro. Lo hizo con el objeto de cuidar el patrimonio de su familia, para que ellos con esa información pudieran extorsionar a todos los nombrados en el texto para que le devuelvan la plata que el mismo Perel había prestado. En ese texto habla de grandes empresas como Coto (le provocó una pérdida de 13 millones de dólares para reducir sus impuestos), Omega, Grupo Soldati, Diarco y Pedro Pou entre otros.
Con el avance de la investigación en cada paso que se daba no solo mataban un pájaro, sino que también un ave. Poderosos internacionales como la consultora Delloite & Touche, perdía una imagen prestigiosa que había logrado en su historia. Perel (al que muchos lo calificaban de un gran extorsionador) era una caja de Pandora con muchísima información y que podía hacer caer a cualquiera. Inclusive el financista había trabajado para la SIDE y también para la producción de Telenoche Investiga. Algunos sostenían que levantaba informes para la Mossad, el servicio de inteligencia de Israel.
Las pruebas empiezan a involucrar a gente más pesada. Entonces la investigación se centralizó en una batalla entre la policía y el poder judicial: Los primeros sostenían que había sido una asesinato seguido por un suicidio, mientras que desde la policía judicial se seguía manejando desde un principio la hipótesis del asesinato tal como había resultado en la primer autopsia. Esa pelea mediática lo pudo más, ya que el caso se esfumó de los medios hasta desaparecer.
En el 2004 en Clarín salen 3 artículos en donde se nombra al caso Perel (sin tocar el tema en sí), mientras que La Nación), lo hace en 1 oportunidad. En el 2003 Clarín realiza 5 notas nombrando nuevamente al caso del matrimonio al igual que La Nación (de esos 5 uno toca el caso en su totalidad). En el 2002, un año después del asesinato Clarín solo publica un artículo de Perel y La Nación lo hace en 3 oportunidades.
Efectivamente la investigación no podía continuar y tampoco se tenía que hacer presente en los medios. De la Cruz lo había planteado como un caso esclarecedor del tema del lavado. Una buena oportunidad para que se diera a luz los agujeros del sistema financiero argentino y de las grandes empresas que evaden impuestos.