En el lenguaje masculino no existen las señales implícitas. El gremio femenino agota todas las instancias para dar a entender cosas que el hombre jamás se dará por aludido. ¿Es algo natural o existe evasión intencional?
Una reconocida marca de gaseosas denunciaba en un comercial que los hombres no eran capaces de darse cuenta cuando una mujer se mostraba abierta para el encare. Hoy, son muchos los caballeros que reconocen tarde la cantidad de señales que les pudo haber transmitido una mujer y que jamás se dieron por aludido en el momento. Es por eso que el género femenino ya desiste de la idea de los caballeros y toman la posta cuando un hombre les resulta interesante.
Pero esta falta de acuse no se refiere únicamente al primer paso de las parejas, sino que los acompaña a la largo de toda la relación. Aquellas mujeres que toman la posta en la organización del hogar, suelen en varias oportunidades arrojar indirectas para pedir la colaboración de su concubino. Sin embargo nunca alcanzará su objetivo porque jamás entenderá el hombre que esas ideas en el aire eran un pedido concreto.
En muchos casos las mujeres suelen ser la parte más activa de una relación en donde las demandas se presentan de forma más recurrente, lo que de alguna manera le provoca pedir ciertas cosas de forma implícita de manera de no quedar demasiado demandante. El hombre solo focaliza su atención a las cosas que son de su interés, por lo cual la comunicación de las mayorías de las parejas hace su mayor ruido en este tipo de diálogos.
Rodolfo (28) de Caballito cayó en cuenta la poca atención que le prestaba a las indirectas que le daba su mujer al tercer cumpleaños que pasaba junto a su novia: “Le pedí a un amigo que me hiciera la gamba para comprarle el regalo. Mientras escuchaba sus sugerencias y ninguna me convencía me preguntó ‘¿Nunca le prestaste atención cuando se paró frente a una vidriera para decirte que le gustaba una remera o un pantalón…O al pasar frente a otra mujer le elogió las botas?’. Instantáneamente caí en cuenta que jamás le había dado la atención a las indirectas que me dio sobre sus gustos”.
Mariana (32) de Avellaneda reprocha que su marido tiene a involucrarse poco con las tareas del hogar: “Es un poco machista y evade muchas cosas que hay para hacer en la casa. Alguna que otra vez se decide a cocinar y rara vez a lavar los platos. Pero si un domingo llegara a decirle que no me imagino cómo hacer con todas las cosas que restan para hacer en el día como bañar a los chicos, planchar la ropa, poner el lavarropas y preparar la comida, jamás acusa recibo de que el quizás debería ayudarme con una. Decide continuar con su control remoto viendo partidos de equipos que no es hincha”.
Silvia (24) de Almagro confiesa que le tomó tres años darse cuenta a su actual pareja de su enamoramiento: “el era amigo de mi hermano. Se me complicaba mucho aprovechar las oportunidades para hablar tranquilos. Una vez que tuve el celular empezé a mensajearlo. El corría carreras de auto y siempre le enviaba sms para saber como le había ido, pero siempre respondía con información. En fin, en decenas de oportunidades le hice saber de alguna forma lo loca que estaba por él, pero nunca se dio cuenta. Cuando decidí dar el paso para terminar con mis ilusiones, me decidí a escribirle un mail un sábado a la noche para confesarle todo. No sólo que esa noche dormí en mi casa, sino que me respondió por mensaje de texto que hablaríamos la semana próxima. Finalmente al sábado siguiente nos vimos y nació oficialmente nuestra historia de amor”.
Anabella (34) de Villa Crespo asegura que la mayor virtud que tiene en su pareja es que se dicen todo lo que quieren de frente sin rodeos, pero es imposible no enviar indirectas cuando uno quiere darse solamente un gusto: “Cuando veo ropa que me gusta y se que solamente se trata de darme un gusto a veces me da cosa entrar en ese gasto. Entonces cuando paso frente a un local con mi pareja lo freno a propósito en esa vidriera para confesarle esa debilidad. Pero lo triste es que casi nunca logra detenerse el tiempo que yo quiera para que entienda lo que me gustan algunas cosas”.
Jimena (31) de Liniers no considera que las mujeres sean las que utilizan indirectas para pedir las cosas: “Los hombres hacen lo que quieren. Si hay un partido de fútbol o algo que ver en la tv se quedan hasta cualquier hora; pero después cuando llegan a la cama hacen mil maniobras para hacernos saber que quieren hacer el amor”.
Ante la pregunta sobre cuáles son las cosas que se piden indirectamente en una pareja, la mayoría de las personas arranca un discurso que siempre va de frente y no deja cosas libradas al azar. Pero ante una insistencia nacen respuestas como éstas y tantas otras más que quedaron afuera del tintero.
La comunicación implícita no deja de ser comunicación. Y debe ser la comunicación lo más sano que debe cuidar la pareja para que pueda perdurar cuando el cuerpo no deja hacer otra cosa mas que hablar.