Ninguna persona está salvada de estar en la boca de alguien en ámbitos laborales. Desde pequeñas fábricas hasta grandes empresas la costumbre argentina de hablar de atrás no tiene límites. ¿Cómo repercute en el ambiente laboral? ¿Cómo son las personas que más incentivan esta forma de diálogo?
Si fuese verdad que las orejas se ponen coloradas cuando se habla de una persona, los nuevos trabajadores de cualquier empresa serían fácilmente identificables. Aquel que inicia una nueva práctica laboral recibe un juicio rápido sobre su trabajo de parte de sus jefes, compañeros o subalternos. Ese concepto, generalmente, es mal realizado por argumentos que están más vinculados a la piel que se tiene con ese individuo, que para la labor a la que fue contratado.
No solo los nuevos empleados reciben las críticas. En realidad en algún momento todos los trabajadores pasan por la guillotina en los diálogos laborales en donde se cuestiona el todo solo para mantener una conversación. El puterío nace de la falta de temas en común que puede haber entre distintos trabajadores: cuando se sabe que no se puede hablar de ningún tema social, siempre resulta exitoso defenestrar a un colega.
El fenómeno Gran Hermano quizás es el que mejor evidencia este concepto. Los diálogos que edita la producción para pasar en el resumen del día no están vinculados a ideales políticos, filosóficos, religiosos o de la vida. Lo que entiende la producción del reality, que la tensión y la atención del público se centrará cuando dos personas o más están “analizando” a otra.
El puterío lejos de ser un motor que promueve el vínculo entre personas, es un destructor de ambientes laborales. La consultora norteamericana McKinsey, relató en su página web el desarrollo del departamento de recursos humanos sobre este tema. Citan a la empresa de software SuccessFactors, qué en su código de ética prohíbe la contratación de “empleados idiotas”.
Robert Sutton, especialista de McKinsey, define como empleado idiota a aquellos que “disfrutan humillando y desmoralizando a sus colegas y aquellos que se empeñan en señalar todos los errores sin jamás destacar un solo acierto”. En su informe Sutton asegura que los empleados idiotas representan altísimos costos bajo la forma de gastos legales, problemas de retención de talento, y baja reputación entre clientes e inversores. A modo de ejemplo señala que una empresa tenía un vendedor estrella que representaba al estereotipo de empleado imbécil. Sus dotes generaban una gran facturación, pero por su conducta que provocaba que algunos asistentes soliciten la desvinculación generaba un déficit que no alcanza con las ganancias que lograba.
Desde otra perspectiva, un estudio propuso que un grupo de trabajadores procurara establecer un diálogo sin tener que recurrir a anécdotas. En los casos que más dificultad representaba mantener esa regla, coincidía en las personas que mayor necesidad tenía de sostener una reflexión analizando la conducta de otro. Para algunas personas resulta difícil analizar sus propias acciones, pero les resulta mucho más sencillo si pueden realizar la de otro.
Pero el puterío no sólo se trata profundizar las acciones de otro individuo, sino que ante la falta de esto, muchos se inclinan por analizar una ficción. Un gesto, una mirada, una sonrisa entre dos personas, puede provocar que los impulsores del puterío armen una pequeña tesis sobre la vida íntima de sus colegas. Cuando se instala esa hipótesis, quienes participan en su desarrollo seguirán con precisión, todos y cada uno de los movimientos a fin de darle fortaleza a esa primitiva idea.
Para el promotor del puterío, la oferta temática es siempre amplia: desde definir inclinaciones sexuales hasta medir la capacidad laboral del blanco de críticas. El silencio durante la actividad le provoca ruido y ante la falta de ingenio de lograr atención sobre un tema en particular, elige el amarillismo en el que se envuelve el puterío.
Esto no solo se desarrolla entre los análisis individuales. Todas las empresas cuentan con los embistes entre los distintos departamentos que la componen. Ponerse la camiseta en un sector, se refleja más en menospreciar el trabajo de otras áreas, que en defender las actividades que se desarrollan en la misma. Siempre estará presente aquel en afán de ponderar su rol, mencione la total incapacidad de un sector que tenga una fuerte relación con su función.
Será difícil imaginar una empresa en la Argentina que no cuente con estos individuos. El puterío es algo que crece porque se incrementa la cantidad de personas que se involucra en escuchar esos comentarios. Esa complicidad siempre perjudica al ambiente laboral y no existen planes concretos en los RRHH para contrarrestar esos movimientos. Así como SuccesFactors, la clave radica en que se promueva el liderazgo que siempre propone la mirada positiva como la única de generar el óptimo clima profesional.