Con un contundente triunfo del kirchnerismo en las primeras elecciones primarias, el foco de atención se centró sobre la lucha por el segundo lugar de cara a las presidenciales del 23 de octubre. Teoría e interrogantes sobre los números de Duhalde, Alfonsín, Binner, Rodríguez Saá, Carrió y Altamira.
Ningún medio previo al 14 de agosto suponía un resultado tan aplastante. En los análisis jugaba mucho los resultados opositores al kirchnerismo en la Ciudad de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba. Medios como La Nación y Perfil aseguraban que al entorno oficialista lo invadía el miedo de no alcanzar el 40% y quedar en las puertas de un ballotage en octubre. Pero pasadas las 21 horas, Florencio Randazzo informó la primera tendencia, en donde Cristina Fernández de Kirchner se quedaba con más de la mitad de los sufragios, con una diferencia de 37 puntos sobre su inmediato perseguidor.
Con el diario del lunes los análisis tuvieron otra matiz. Los medios que empujaban una segunda vuelta se olvidaron de su desacertado pronóstico. Alfonsín y Duhalde, que contaban con aparatos mejor organizados a lo largo del país, realizaron autocrítica por no saber difundir su idea de gobierno. Binner celebraba el cuarto lugar, augurando obtener votos de otros opositores como así también quitarle votos progresistas a Cristina. Rodríguez Saá fue el único que logró imponerse al kirchnerismo en alguna provincia (San Luis). Carrió que hace años como Duahlde había anunciado su retiro de la política, arañó la miseria para estar presente en octubre. Altamira gestó una elección heroica y superó el porcentaje mínimo para poder competir el 23.
El escrutinio definitivo despejó dudas y dejó a Ricardo Alfonsín en el segundo lugar. Muchas de las personas que acompañaron su propuesta lo eligieron por el renacimiento que tuvo la UCR posteriormente la muerte del candidato radical y a las elecciones legislativas de 2009. También acompañó la alianza con Francisco De Narváez, otro hombre que tras la crisis del campo logró notoriedad. Sin embargo, el mensaje fue pobre en ideas y la propaganda quiso hacer foco en los problemas de inseguridad aunque sin dar ninguna propuesta sólida en ese tema.
El tercer lugar de Duhalde solo puede ser comprensible a través del viejo aparato del Partido Justicialista que aún funciona en algunas provincias. Primero propuso una interna con Rodríguez Saá. Luego se bajó por irregularidades, aunque no desistió de su candidatura. Propicia el fin del kirchnerismo, siendo el gestor de la llegada del matrimonio santacruceño al poder en 2003. Jamás pensó en un porcentaje tan bajo y por eso levantó bandera de irregularidades en las elecciones realizando varias denuncias.
Hermes Binner en primera instancia acompañaría a Ricardo Alfonsín en un frente que si se proclamó gobierno en Santa Fe. Sin embargo, desde el entorno del líder socialista, la alianza con De Narváez corrompía una línea ideológica que no estaba dispuesto a romper. El Frente Amplio Progresista se conformó demasiado rápido lo que priorizó una campaña para dar a conocer el nombre de Binner que para gran parte del electorado significaba un apellido desconocido. Luego de obtener el cuarto lugar, el gobernador santafesino cree haber obtenido el renombre como para atraer a electores indecisos y captar a kirchneristas que no estén del todo convencidos con una nueva gestión de Cristina.
Rodríguez Saá decidió plebiscitar su gestión en San Luis y llevarla al territorio nacional. Fue el único candidato que logro imponerse en una provincia a Cristina Kirchner. Utilizó parte del aparato Justcialista que no está con Duhalde ni con Cristina. Al igual que Binner, estima sacarle votos al duhaldismo y seducir a una parte del elector K.
Luego de perder las elecciones presidenciales en 2007 frente a Cristina Kirchner, Elisa Carrió anunció el retiro de la política. Sin embargo para este 2011 armó un nuevo equipo y realizó una pésima elección. Parte de los medios kirchneristas han focalizado sobre ella destruyendo su imagen restando crédito a sus denuncias acusándola de apocalíptica. Las pobres alianzas llevaron a que solo el 3,2% la eligieran como opción.
Jorge Altamira habrá recobrado notoriedad con el caso Mariano Ferreyra. Sin embargo la nueva ley electoral obliga a que los precandidatos a presidente obtengan al menos el 1,5% en las internas abiertas para poder participar de las presidenciales. Favorecido por los periodistas Jorge Rial y Gustavo Sylvestre, que en tono humorístico llevaron la campaña en twitter “Un milagro para Altamira”, logró obtener el porcentaje necesario para ser una opción el 23 de octubre.
Con el próximo presidente definido prácticamente, el interés pasa por los movimientos de los sufragios entre Alfonsín, Duhalde, Binner y Rodríguez Saá. ¿Ampliará el margen de diferencia Cristina? ¿Nacerá una segunda fuerza opositora fuera del PJ y la UCR? ¿Caerá aún más Carrió y abandonará la política? Muchas preguntas y pocos días para las respuetas.