Cuando dos personas programan un primer encuentro la matemática de las expectativas alimenta el divague que luego raramente se satisface con la realidad. Historias de esos capítulos, de los éxitos y de los fracasos.
El norteamericano Marc Webb relató de manera precisa en la película “500 días con ella” lo que vive una persona que accede a un encuentro con cierta expectativa y el desconsuelo consiguiente cuando la realidad le depara algo demasiado lejano a lo que se había imaginado. En la escena, el protagonista Tom Hansen (Jospeh Gordon-Levitt) asiste a una fiesta en la casa de su ex novia Summer (Zooey Deschanel) con la intención de reanimar el fuego entre los dos, pero todo termina saliendo desafortunado para lo que había planificado en sus deseos.
En todos los aspectos de la vida cotidiana se presenta esta doble escena. Cuando hay una entrevista de trabajo, una renovada jornada laboral, un encuentro de amigos, un festival musical o un partido de fútbol. Pero suelen ser las citas en donde la imaginación hace un esfuerzo mayor y crea escenarios hipotéticos previos al encuentro real.
A mayor edad, la experiencia apaga las expectativas. Una persona con experiencias en citas, a veces cae en la rutina a la hora de llevar esa salida. Los antecedentes lo hace saber de qué cosas debe hablar, de cuáles no, qué lugar y que ropa debe elegir para un encuentro. La capacidad de sorpresa para este tipo de personas se reduce mucho por lo cual la personalidad del invitado juega un rol determinante a la hora de medir el éxito del encuentro.
La mayoría de las parejas recuerdan con nostalgia la primera cita en la que se empezó a formar ese amor. Cuando dos desconocidos se atreven a conocerse, apuestan a sorprenderse en ese día especial y recién luego divagar en un futuro. Pero a veces para encontrar esa persona ideal, en el medio hubo intentos fallidos donde las cosas no salen como se las esperas.
María (29) de Villa Crespo vivió una situación incómoda: “Conocí a un chico en un boliche. Nos mensajeamos un tiempo y luego quedamos en vernos. Estaba todo bien. Fuimos a comer, a tomar algo…y luego el ambiente se fue calentando. Cómo él era de provincia y no conocía un hotel, empezamos a caminar a la espera de ver alguno. Luego de unas cuadras sin éxito, él empezó a preguntar a la gente si conocía alguno por la zona…Un policía le terminó pasando el dato. En fin, cuando llegamos al hotel, pasó lo que tenía que pasar, y apenas terminó con lo suyo me pidió disculpas y se fue al baño porque tenía ganas de defecar! Así terminó la noche, el encerrado en el baño. Obviamente luego no hubo una nueva salida”.
Para Mariana (28) de San Martín el pobre éxito de su cita no tuvo ese costado cómico: “Lo conocí por chat. Estuvimos como cuatro meses hablando casi todos los días por el MSN, y alguna que otra vez por teléfono. De alguna manera nos hicimos saber que de vernos, nuestras intenciones serían para proyectar algo serio. El vivía en el interior de Buenos Aires y aproveché que tenía una amiga ahí y decidí ir a conocerlo. Toda la magia de las palabras que habíamos cruzado se desvanecieron cuando apenas bajo del micro me encaja un beso como si no debiera hacer nada para ganárselo. Inmediatamente todo lo que había creado sobre él se me derrumbó. Siguieron un par de días de unos pocos veces y luego lo eliminé de todas mis redes sociales”.
Emiliano (31) de Villa Luro quedó vislumbrado de una mujer en un casamiento. Sin dudar le pidió a su amigo que le consiguiera el teléfono de la chica para poder invitarla a salir. En dos semanas logró convencer a la dama para ir a tomar algo pero las expectativas se derrumbaron a medida que la charla iba avanzando: “Fuimos a un bar de Recoleta. Era una chica muy linda. Pero ella en su afán de mostrarse interesante en realidad parecía querer mostrarse como inalcanzable. Y la verdad que no daba con ese perfil. La charla se iba poniendo aburrida y trabada hasta que me dijo algo que me hizo abandonar la idea de insistir. Me estaba contando que había salido un tiempo con un hombre italiano y lo cerró con una torpe frase: ‘Después de salir con un italiano, no podría salir con un argentino’. Mi cara notificó al mozo, el cual de inmediato trajo la cuenta y cada uno se fue por su lado. Obviamente nunca más la llame. Tenía una sonrisa que hipnotizaba y parecía una mina abierta….pero al final me llevé una triste desilusión”.
Augusto (28) de Palermo se considera un hombre tímido al que le costaba mucho relacionarse con mujeres. Conoció hace seis años a una chica por internet y luego de varios meses de charlas decidió encontrarse: “Habíamos hablado mucho y creí en quedarme sin temas para dialogar. Pero lo magia que habíamos creado en el chat siguió luego en el bar. El silencio jamás se hizo presente y la pasamos bárbaro. Cuando la dejé en la casa le robé el primer beso. Hoy llevamos seis años juntos y una nena de dos meses. El temor a no superar mi timidez se apagó en el momento que te sentás frente a la persona que te complementa. Es hermoso decir las cosas sin tener que pensarlas”.
Para que exista una cita debe haber un primer paso que a muchos les cuesta dar. Luego podrán existir incompatibilidades que no lleven al éxito. Sin embargo las historias enriquecen y forman. Las aventuras provocan que el camino conocido pueda convertirse en una ruta a descubrir. Nunca está de más ponerse a prueba lo interesante que puede resultar uno como así también dejarse sorprender.