Se acerca un nuevo día de San Valentín y no sólo los tortolitos celebran ese día, sino que los que sufrieron heridas del corazón exigirán reconsideraciones. Cuando las respuestas no satisfacen, algunos elijen recurrir al ruego como última instancia. ¿Se pierde dignidad de esa manera?
En casi todas las relaciones, el inicio suele estar lleno de aventuras impredecibles donde las dos partes de redescubren a diario. Ese camino ascendente en intensidad luego llegará a una meseta, en donde el escenario primario creado en el enamoramiento, pierde fuerzas con las principales razones de su hipótesis. Y en muchos casos, es la desilusión la que se hace presente y que se lleva parte de la vida de las parejas.
Uno de los soldados decide informar que la misión ha llegado a su fin. Que las proyecciones a futuro son nulas y que revertir la resolución es algo imposible. El damnificado acusará dolor y en su mar de lágrimas debatirá si ese corazón quedará herido o si recolectará fuerzas para recuperar el amor perdido. ¿Qué cosas es capaz de hacer el hombre o la mujer para remontar el fin de una relación? ¿Cuál sería la última instancia para dar todo por perdido?
El origen del desarrollo de este artículo fue una historia que se vivió en el barrio de Abasto. Un joven de unos 25 años aproximadamente gesticulaba en forma desesperada a la par de una mujer de la misma edad, que sólo atinaba a continuar su marcha. El muchacho al ver que no encontraba la reacción esperada se plantó de frente y piqueteó el andar de la dama y lanzó su desahogo: “Por favor, perdoname. Sé que te descuidé, pero ahora ya cambié. Se lo que necesitás. Dame otra oportunidad. Por favor! Por favor!”. Los transeúntes giraban su cabeza al atestiguar la situación,y la mujer devolvió la inesperada fama ruborizándose un poco, tapándose la cara y gritando al aire: “Que vergüenza por Dios!”.
El sitio Yahoo Respuestas colecciona una gran cantidad de interrogantes de adolescentes que desesperados buscan justificar al ruego como una sabia decisión de volver a la búsqueda de un amor que no fue, o de un amor que fue pero se evaporó. Otros teens se ocupaban de respaldar la teoría del ruego y alguno más maduro colocaba la palabra DIGNIDAD con la intención de dilapidar esa idea extremista. Algunas sugerencias eran las siguientes:
- Si. El amor es así aunque esa persona no nos quiera un poquito ahí estaremos de rogones.
- amm nO creO.. buena cOn unOs tekilitas de mas yO kreO ke si haha
- si, el echo de que que su amor por ti allá terminado no quiere decir que el tuyo hacia el y cuando se ama se depende del otro.
- Si, yo conozco bien el amor en pareja y te crea a la larga una MALDITA dependencia en la que no puedes vivir si no estas esa persona. Yo he rogado por amor y no me avergüenzo.
- Jamas!! Cual el sentido? Para que rebajarse ante algo asi??? Nunca haría semejante cosa!
- no, es falta de dignidad. si no me ama para q mendigar amor...
Según Wikipedia, la palabra rogar proviene del latín “rogare” y tiene dos acepciones: 1) Pedir o solicitar algo a alguien con mucha necesidad y/o 2) Humillarse ante alguien a cambio de un favor. Para muchas religiones, el ruego es un acto cotidiano que juega con la fe. Como los dioses no se ven y el amor tampoco, muchos caen en la confusión de que el sentimiento debe estar cargado de súplica. El “Ave María”, la plegaria de la Virgen culmina su oración diciendo “…ruega por nosotros pecadores y en la hora de nuestra muerte. Amén”. En ese credo muy repetido en los católicos, el ruego pasa a ser una actividad diaria de la que no hay que avergonzarse.
Sebastián (31) de Villa Luro define como patética la decisión de una persona de rogar la continuidad de un amor: “Hay cosas que se pueden cambiar y cosas que no. El sentimiento no se modifica por una súplica. Solo se puede cambiar actitudes que pudieran repercutir favorablemente en una renovación de la pareja. Pero de ahí a rogar….Sólo he rogado unos besos en un boliche, pero su éxito fue porque pedí una cosa, no un sentimiento”.
Estefanía (25) de Glew asegura que una sola vez rogó por amor y que en su caso le significó la continuidad de la relación: “Llevábamos poco tiempo y por pendeja en un boliche estuve con otro flaco. Yo no sabía como titular la relación con quién es mi novio hoy, y al mandarme la cagada le pedí perdón. El no quiso hacerlo y entre lágrimas y gritos le rogué que me diera otra oportunidad. En medio de eso le dije cosas que me pasaban internamente que nunca se lo había expresado y eso le hizo dar cuenta de lo profundo que estaba enamorada. Hoy llevamos cuatro años y estamos muy bien”.
Razonar antes de arrodillarse debería ser lo sano. Pelear por un amor no va de la mano misericordiosa y repleta de fe, sino de las acciones que se promueven y que el otro percibe y lo moviliza. Rogar ni siquiera sería la última opción para luchar por una pareja.