Se instaló la fiebre en Buenos Aires por el temor de pagar más caro los colectivos y trenes a partir de una propaganda sin demasiadas precisiones. ¿Una maniobra de distracción o el inicio de una cambio económico?
Un spot publicitario que se difundió en la penúltima semana de enero alertaba a los ciudadanos a que deberían retirar de inmediato la tarjeta SUBE para continuar abonando la tarifa vigente en colectivos y trenes: “Si no tenés tu tarjeta SUBE, vas a perder los beneficios del subsidio y tu pasaje lo vas a pagar más caro. Tenés tiempo hasta el 10 de febrero”.
La repercusión fue instantánea. Los centro de entrega colapsaron y los medios reflejaban el estado de caos mostrando cientos de casos de pasajeros que aguardaban varias horas bajo el caluroso sol de verano para obtener la tarjeta que le valiera el precio actual en los medios de transporte. Si la SUBE nació en principio como una solución a la escasez de monedas, hoy el gobierno lo considera como un elemento de control para precisar los aportes de los subsidios.
El golpe al bolsillo lo dio en primera instancia Mauricio Macri. Cuando Ciudad se hizo cargo de los subterráneos, el precio de viaje se incrementó un 127%. Un cimbronazo que generó rechazo de diferentes sectores y que incluyó protestas como el levantamiento de molinetes en horas pico, que luego se fueron desdibujando cuando las instancias judiciales avalaron el incremento del pasaje.
Previo al aumento del precio en los subtes, ya se había filtrado desde el Ministerio de Planificación la eliminación gradual de los susidios al transporte y que la tarjeta SUBE sería la solución: en lugar de aportar a la empresa, el beneficio iría a quien tiene la tarjeta y necesita del subsidio. A la fecha, el gobierno nacional aporta al transporte de pasajeros en calidad de susidio cerca de 800millones de pesos mensuales. Este análisis surgió en noviembre de 2011 cuando Julio De Vido y Amado Boudou anunciaban las eliminación progresiva a subsidios a los servicios públicos para determinadas zonas e invitando a los ciudadanos a renunciar a esos beneficios para colaborar con la reasignación de partidas.
Daniel Millaci, presidente de la Cámara Empresaria del Transporte Automotor, reveló ante el diario La Nación que el costo del colectivo debería rondar los $4 si se quitaran todos los subsidios: “el boleto mínimo que cobran los colectivos, que también está en $1,10, el Estado pone vía subsidio "2,44 pesos", con lo cual, por cada pasaje, la empresa percibe cerca de 3,54 pesos”.
El diario centenario hizo también un relevamiento con el costo del transporte en las principales ciudades del mundo:
ARGENTINA: Buenos Aires de US$ 0,28 a US$ 0,32
URUGUAY: Montevideo de US$ 0,19 a US$ 0,50
CHILE: Santiago de US$ 1,00 a US$ 1,20
BOLIVIA: La Paz de US$ 0,19 a US$ 0,50
BRASIL: Río de Janeiro de US$ 1,28 a US$ 1,74
PERU: Lima de US$ 0,36 a US$ 0,64
EEUU: Nueva York US$ 2,25
SUDAFRICA: Ciudad del Cabo: US$ 1,14
SENEGAL: Dakar US$ 0,31
ESPAÑA: Madrid US$ 1,37
FRANCIA: Niza US$ 1,58
ALEMANIA: Berlin US$ 1,78 a US$ 1,88
NORUEGA: Oslo US$ 4,34 a US$ 6,88
Lejos de algunas cifras exorbitantes, el transporte argentino se irá acomodando a las tarifas internacionales. Con una crisis económica mundial que aún no ha terminado de explotar, los mercados se preparan con anticipación para contrarrestar los efectos. Un país que funcione con demasiados subsidios no aguantaría la falta de efectivo de colapsar el sistema financiero.
Mientras la Secretaría de Transporte no brinde demasiada información al respecto y los medios catastróficos gocen con ello; los pasajeros se convierten en rehenes de la lucha de poder y salen disparados ante cualquier acontecimiento que pudiera dañar su economía. Salieron en luego de las elecciones a buscar sus dólares y ahora corren por su tarjeta por un impreciso manejo de la información.